Durante el primer trimestre me lo tomé
un poco ha cachondeo pues me parecía fácil, cuando llegaron los exámenes
estudie como lo hacía en primero. Cuando me llegaron las notas se vio que no me
había funcionado el método, por lo que me tocaría cambiar para el segundo
trimestre si quería acabar el bachiller y hacer la selectividad.
Cuando les di las notas a mis padres lo
que me dijeron fue:
-En vez de pensar en estupideces
deberías haber estudiado, que es lo que tienes que hacer –dijo mi madre.
-He estudiado si te has dado cuenta
–dije en mi defensa.
-Qué vas a ver estudiado si has
suspendido casi todas, las únicas que has aprobado son las más idiotas –dijo mi
padre.
-Bueno tranquilo, ya verás como para el
segundo trimestre apruebo todo.
-Eso espero, porque si no te pones a
trabajar.
Me quedé pensando para mí si supieras
que ya estoy trabajando. Pero me lo guarde no quería más problemas con ellos a
lo tonto y a lo bobo. Estuve todas las navidades trabajando a jornada completa,
mis padres se pensaban que estaba con unas amigas dando una vuelta y saliendo
por ahí con ellas. Al acabar las navidades volví a mi jornada habitual, a
estudiar diariamente; con ganas para poder recuperar las que me habían quedado
y sacar las de segundo trimestre.
Durante el segundo trimestre me apliqué
más, aunque salía de fiesta y trabaja siempre sacaba tiempo para estudiar, es
más empecé a subir de notas ya no sacaba cincos pelados, sino que sacaba seises o sietes y algún que otro ocho. Por lo que me di cuenta de que si el primer
trimestre había suspendido había sido por vagancia más que por otra cosa.
Estando en casa de mi amiga Serine,
entró a su habitación su hermano, se llamaba Rubén, era moreno de ojos
marrones, vestía en plan pijo, pero estaba buenísimo.
-Hola –dijo Rubén –me dejas la cámara de
fotos que la mía está rota.
-No, porque la voy a usar yo está noche
–dijo Serine.
-Vengaaa..., por favooooor.
-¡Qué no pesado!
-Puedes decir a tu amiga que me deje la
cámara, plis.
-Serine déjasela, total yo llevo la mía
en el bolso.
-Menos mal que tienes amigas como ella, que si no sé qué haría.
-Pues quedarte sin cámara.
-A qué tú con tus hermanos o hermanas
les dejas las cosas.
-No, porque me caen de culo, si quieren
algo que se lo compren.
-Me da a mí que sois hermanas y no os
habéis enterado.
-Ahora te enteras, de qué te cambiaron
al nacer por ella –dijo Serine.
-También tienes veintitrés años.
-No sé, ¿tengo veintitrés?
-Sí, los tienes así que ya estás
haciendo las maletas y largándote de aquí.
-Se lo voy a decir a mamá.
-Pues corre.
Cuando se fue nos quedamos Serine y yo
riéndonos de él.
-Con veintitrés años y sigue llamando a
su mamá, ja, ja, ja.
-Es tonto, si quieres te le llevas a tu
casa.
-No gracias, ya hay bastantes ahí para
juntar a más.
-Ok, nos vamos de fiesta.
-Sí vámonos.
Cuando llegamos a la discoteca nos
pusimos a bailar hasta que se acercó un chico a Serine, la preguntó si quería
bailar y se fue con él. Yo me quedé sola así que me fui a sentar a una mesa que
había al fondo. Estando ya un buen rato en la mesa me dio por mirar el móvil
para ver si tenía algo, cuando me fije vi que tenía un whatsapp de Serine que me decía que se iba con el chico ese. Cuando me iba para casa me encontré con su
hermano.
-¿A dónde vas tú sola?
-A casa.
-Tan pronto.
-Sí.
-Si quieres puedes venir conmigo, además
son solo las doce de la noche es demasiado pronto para que te vayas a la cama.
-Ya, a cambio qué quieres.
-Nada.
-¿A dónde vas?
-A la Antigua.
-Vale.
Cuando llegamos a la Antigua estaba
lleno de niños pequeños, por lo que nos salimos y nos fuimos a poniente donde
había gente de nuestra edad. Nada más entrar me encontré con un compañero de
clase.
-Hola Leah –dijo Leandro.
-Hola Leandro.
-No ibas a salir con Serine.
-Sí, pero ella se ha ido con una amiga a
no sé dónde.
-Ok, estás tú sola.
-No, está conmigo –dijo Rubén – ¿por qué
quieres saberlo?

